Qué es la endometriosis y que tipos existen

La endometriosis constituye un verdadero y desconocido problema de salud. Es una enfermedad inflamatoria estrógeno-dependiente de origen desconocido que se define como la implantación y crecimiento benigno de tejido endometrial fuera de la matriz, constituyendo las localizaciones más frecuentemente afectadas el peritoneo pelviano y los ovarios, aunque ocasionalmente pueden encontrarse lesiones en otras muchas partes del cuerpo, sobre todo en la zona pelviana, como el intestino y la vejiga urinaria.

En casos muy excepcionales puede afectar a otras localizaciones no abdominales como el cerebro o los pulmones. Este tejido ectópico tiene dependencia hormonal  del ciclo menstrual, produciéndose sangrado y desprendimiento del mismo durante la menstruación.  El tejido endometriósico tiene capacidad para crecer, infiltrar e incluso diseminarse de forma similar al tejido canceroso, pero su transformación maligna es muy infrecuente.

Hoy en día se considera una enfermedad crónica, y a pesar de que su causa se desconocida, se ha comprobado una cierta predisposición genética. A pesar de no conocer su génesis, hay varias hipótesis que intentan explicar el origen de la enfermedad, siendo la más aceptada la teoría de la menstruación retrógrada, fenómeno que se observa en el 90% de las mujeres durante la fase menstrual.

Existen tres formas básicas de presentación de la enfermedad: endometriosis peritoneal superficial, endometriosis ovárica y endometriosis profunda. Un concepto fundamental a tener en cuenta es que las pacientes a menudo tienen diferentes focos de la enfermedad y diferentes formas de la enfermedad a la vez, y que por lo tanto, al valorar a la enferma hay que buscar todos los focos y formas de enfermedad existentes.

También es imprescindible conocer que la endometriosis profunda es la que suele producir síntomas más graves y puede llegar a causar problemas de salud relevantes e irreversibles por la paciente, por lo tanto la endometriosis profunda es la variante más potencialmente grave y peligrosa por la salud de la paciente. Desgraciadamente, este tipo de endometriosis es menos conocida y es más difícil de detectar y diagnosticar si no se sospecha y se busca y esta es una de las graves problemáticas asociadas al manejo de esta enfermedad.

A pesar de las dificultades que existen para conocer exactamente la prevalencia de la enfermedad, se estima que la endometriosis afecta como mínimo un 10% de la población femenina en edad fértil. Las manifestaciones clínicas presentan un amplio espectro, desde pacientes asintomáticas hasta formas severas y graves con síntomas dolorosos muy intensos e invalidantes y/o esterilidad asociada.

Los síntomas asociados más frecuentes son el dolor intenso durante la menstruación, durante la defecación y micción, durante el acto sexual y en algunas pacientes puede presentarse dolor pelviano crónico, que puede ser muy invalidante. Algunas de estas pacientes altamente sintomáticas requieren a menudo varías intervenciones quirúrgicas, que pueden tener consecuencias y secuelas a largo plazo, además de no conseguir un tratamiento curativo para muchas de estas pacientes. Para muchas pacientes, la endometriosis constituye un proceso crónico y recurrente, de forma que puede catalogarse como enfermedad invalidante para muchas mujeres, especialmente por el subgrupo de mujeres con la variante de endometriosis más grave denominada endometriosis profunda. Para estas enfermas su endometriosis puede producir un alto impacto psicosocial y disminución de la calidad de vida.

Además de todo lo anterior, el dolor crónico sufrido durante mucho tiempo hace que muchas de estas pacientes desarrollen un proceso neurológico denominado sensibilización central en el que las neuronas del sistema nervioso central (tanto a la médula como al cerebro) experimentan una serie de cambios orgánicos que las puerta a quedar reguladas en un estado de alta reactividad que mantiene el dolor incluso después de que la causa que lo originaba al principio haya desaparecido. Las pacientes con este síndrome experimentas hiperalgesia (sensibilidad aumentada al dolor) y alodinia (dolor como respuesta a estímulos que habitualmente no sueño dolorosos).

La importancia de este hecho queda todavía más patente si tenemos en cuenta que muchas veces el tiempo entre el primer síntoma y el diagnóstico puede sobrepasar los 5 o 6 años. De hecho, en un estudio en casa nuestra la media de tiempo entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico sobrepasó los 8 años.

Muchas veces la enfermedad se inicia a la adolescencia, aunque por el retraso diagnóstico que acabamos de mencionar, el diagnóstico no se realiza hasta la tercera o cuarta décadas de la vida, lo que hace que muchas niñas jóvenes sufran dolores intensos sin diagnóstico y pierdan horas de clase o de trabajo debido a esta enfermedad no diagnosticada. De hecho conocemos bien que el riesgo de sufrir endometriosis severa está muy aumentado en aquellas mujeres que refieren haber sufrido reglas muy dolorosas cuando eran adolescentes el que hace pensar que ya en esta etapa de su vida la enfermedad estaba presente y que no ha hecho más que avanzar hasta que se ha llegado al diagnóstico.

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