Las verrugas víricas son una afección dermatológica muy frecuente que afecta a personas de todas las edades. Estas lesiones, provocadas por diversos subtipos del virus del papiloma humano (VPH), se manifiestan de formas muy distintas en función de la zona del cuerpo afectada, el sistema inmunológico del paciente y el tipo específico de virus involucrado. Comprender cada variante y conocer las opciones de tratamiento más efectivas, como la crioterapia y la inmunoterapia, resulta clave para erradicarlas con éxito.
Verrugas comunes: las más visibles y persistentes
Las verrugas comunes son probablemente las más reconocibles. Se presentan como pequeñas protuberancias endurecidas, de superficie rugosa y bordes bien definidos. Aparecen habitualmente en las manos, los dedos, los codos o las rodillas, especialmente en personas expuestas a pequeños cortes o fricciones constantes.
El tratamiento más habitual para estas lesiones es la crioterapia, una técnica que utiliza nitrógeno líquido para congelar las células infectadas, destruyéndolas mediante un proceso de necrosis por frío extremo. Es un procedimiento rápido y ambulatorio que, aunque puede causar ligeras molestias o enrojecimiento local, suele ser muy eficaz tras varias sesiones.
En casos de verrugas persistentes, o cuando hay múltiples lesiones que no responden bien a las terapias destructivas, se puede recurrir a la inmunoterapia. Este enfoque estimula al sistema inmune para que reconozca y ataque al virus responsable desde dentro del organismo. Así, no solo se eliminan las verrugas visibles, sino que se reduce el riesgo de aparición de nuevas lesiones.
Verrugas plantares: dolor oculto bajo los pies
A diferencia de las verrugas comunes, las plantares no sobresalen de la piel, sino que crecen hacia el interior, comprimidas por el peso corporal. Suelen aparecer en las plantas de los pies, donde pueden confundirse con callos o durezas, pero se distinguen por los pequeños puntos oscuros visibles en su centro, causados por capilares sanguíneos coagulado.
Estas verrugas pueden ser especialmente dolorosas y molestas al caminar. La crioterapia es, nuevamente, una de las herramientas terapéuticas más empleadas, aunque en estas zonas se requiere mayor precisión por la sensibilidad de la piel plantar. Dependiendo del grosor de la lesión, pueden necesitarse varias sesiones para alcanzar resultados visibles.
En los casos más complejos o cuando las verrugas son resistentes a los tratamientos convencionales, la inmunoterapia ofrece una alternativa eficaz. Al activar la respuesta inmune del cuerpo, permite que el virus sea atacado por las propias defensas, logrando una recuperación más profunda y duradera.
Verrugas planas y filiformes: formas discretas pero persistentes
Las verrugas planas tienen un perfil bajo: son pequeñas, lisas y apenas elevadas sobre la piel. Aparecen principalmente en la cara, el cuello o el dorso de las manos, a menudo en gran número. Suelen afectar a niños, adolescentes y adultos jóvenes. Aunque no suelen provocar molestias físicas, su impacto estético puede ser considerable, sobre todo si se localizan en zonas visibles.
La crioterapia puede emplearse con éxito para eliminarlas, especialmente si están bien localizadas. Sin embargo, en pacientes con múltiples lesiones dispersas, la inmunoterapia tópica —como la aplicación de imiquimod— resulta especialmente útil, al generar una respuesta inmune localizada que puede extenderse a otras zonas afectadas.
Las verrugas filiformes, por su parte, se caracterizan por su aspecto fino, alargado y de crecimiento rápido. Son frecuentes en el rostro, alrededor de ojos y labios, lo que hace que cualquier tratamiento deba realizarse con extrema delicadeza. En estos casos, la crioterapia aplicada con precisión o técnicas inmunológicas de baja agresividad permiten obtener buenos resultados minimizando el riesgo de efectos secundarios.
Verrugas genitales: tratamiento desde la raíz
Las verrugas genitales —también conocidas como condilomas acuminados— están asociadas a la transmisión sexual del VPH. Son lesiones blandas, de aspecto húmedo y forma de coliflor, que pueden aparecer en los genitales externos, la zona perianal o incluso el cuello uterino.
Además de su impacto físico, estas lesiones tienen una relevancia médica adicional, ya que algunos tipos de VPH implicados están vinculados a un mayor riesgo de lesiones precancerosas. Por tanto, su diagnóstico y tratamiento precoz son fundamentales.
En estas localizaciones, la crioterapia sigue siendo una opción válida, aunque puede resultar molesta por la sensibilidad de la zona. La inmunoterapia, especialmente mediante imiquimod, es una alternativa de gran eficacia. Al aplicar el fármaco directamente sobre la verruga, se estimula la liberación de citoquinas antivirales que eliminan el tejido afectado sin dañar el entorno sano, lo que permite un tratamiento prolongado y con menos secuelas.
También se están empleando otras formas de inmunoterapia, como las inyecciones intralesionales de antígenos que provocan una respuesta inmune global, lo que ha demostrado ser útil incluso en casos de verrugas genitales recidivantes o en pacientes inmunodeprimidos.
Tratamientos modernos para una afección común
La combinación de abordajes médicos modernos permite tratar las verrugas víricas con un alto índice de eficacia. La crioterapia sigue siendo una herramienta indispensable por su rapidez y eficacia, pero en los últimos años, la inmunoterapia ha ganado protagonismo como una solución integral que no solo elimina las lesiones visibles, sino que ayuda al organismo a controlar el virus desde el interior.
Centros dermatológicos especializados como la Clínica Idermic, en Terrassa, son referentes en este tipo de tratamientos. Su enfoque integral, que combina tecnología de vanguardia con terapias inmunológicas personalizadas, permite abordar incluso los casos más complejos de verrugas víricas con soluciones eficaces, seguras y duraderas.



